En la práctica clínica pediátrica, existe una tendencia generalizada a normalizar los retrasos leves en los hitos del desarrollo motor bajo la premisa de una maduración tardía benigna. Sin embargo, cuando el retraso psicomotor coexiste con una disminución del tono muscular (hipotonía), el escenario clínico cambia por completo. La hipotonía en el lactante no es una variante del desarrollo; es la manifestación directa de una disfunción en la unidad motora o en el sistema nervioso central.10, 11
La falta de resistencia al movimiento pasivo y la falta de tensión muscular residual definen clínicamente la hipotonía. En condiciones neuromusculares como la atrofia muscular espinal, esta alteración es neurogénica y progresiva. Confundir la debilidad muscular subyacente con un "ritmo más lento" retrasa el diagnóstico crítico. El signo del "bebé de trapo" (floppy baby), la incapacidad para sostener la cabeza a los tres meses o la pérdida de la fuerza de pataleo no deben vigilarse pasivamente a la espera de una mejoría espontánea.2, 11
El retraso psicomotor es un criterio de sospecha inmediata. La inercia en la evaluación de la hipotonía periférica y la postergación de un examen genético molecular eliminan la ventana de oportunidad terapéutica óptima. Tu rol ante el rezago en los hitos no es el de un observador pasivo; es el de identificar si esa falta de fuerza es una alerta molecular y actuar de inmediato antes de que el daño neuromuscular sea definitivo.1, 2